VERDADES QUE SE CALLAN

Diario El Comercio
Lima, 16 de marzo de 2008

Cada año 2.500 hombres son víctimas de violencia familiar en la capital
Según el Mimdes, el 65% sufre maltrato psicológico. Principal agresora es la pareja. Padres no se van del hogar por temor a dejar a sus hijos con una mujer violenta

Por Elizabeth Salazar Vega

El largo y semioscuro pasillo desemboca en un salón donde han sido habilitadas cuatro bancas, una tras otra, frente a un televisor que sintoniza la telenovela de moda. Mujeres solas, acompañadas por su madre o con hijos en brazos, llevan en la mirada huellas de los maltratos vividos al lado de su pareja. Todas aguardan su turno para ingresar a alguna de las cinco oficinas que rodean la sala: comisaría femenina, consejería psicológica, fiscalía, servicio social o el área de asistencia legal. Todas son atendidas por mujeres de saco y taco.
Cualquier hombre que ose ingresar a un centro de emergencia mujer (CEM) no puede evitar sentirse observado. Quizá eso fue lo que obligó a J. G. a retroceder sus pasos y optar por ir al área de terapia para hombres agresores. "Cuando llenó el cuestionario descubrimos que no era un bravucón, sino víctima de maltrato familiar. Por vergüenza prefirió ingresar a la otra oficina, y ahí se le tuvo que atender", recuerda Milagros Ríos, responsable del Programa Nacional contra la Violencia Familiar y Sexual del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (Mimdes).
En el 2007, las comisarías de Lima y Callao recibieron a 2.570 varones de 18 a 50 años que denunciaron haber sido víctimas de violencia en sus propios hogares. Una cifra parecida se ha repetido desde el 2001. Según el reporte anual de atención y consejería brindada por los CEM, el 65% de estos casos corresponde a maltrato psicológico y el resto a violencia física ejercida, sobre todo, por sus parejas. El sistema estadístico del Mimdes precisa que las principales agresoras de los hombres de 26 a 45 años son sus convivientes o esposas, y en menor grado, otros familiares como padres, hermanos, cuñados u otros.
SILENCIADOS POR EL MACHISMO
El 12 de octubre del año pasado, personal de la comisaría de Huancayo acudió al llamado de unos vecinos del asentamiento humano Justicia, Paz y Vida, pues habían escuchado desgarradores gritos al interior de una vivienda. Cuando los efectivos del orden ingresaron a la casa, encontraron a J. R. D. debajo de una mesa. Su mujer lo había atacado con fiereza al parecer cegada por los celos. Ella fue acusada por violencia familiar mientras que su esposo tuvo que ser atendido en una posta médica.
Si bien las denuncias presentadas por varones solo representan el 10% de casos de violencia familiar, una encuesta de la Universidad de Lima, difundida hace dos semanas con motivo del Día de la Mujer, señala que, de las personas que admitieron haber sido víctimas de maltrato físico o psicológico por parte de su pareja, el 36% era de sexo masculino. Un porcentaje mayor a los casos que llegan a ser denunciados y que aun así no reflejaría las dimensiones reales del problema, debido al sentimiento de vergüenza que experimentan los afectados con solo pensar hacer público el hecho. "Hemos tomado conocimiento que en algunas comisarías se burlan de ellos o los tratan de débiles por dejarse pegar por su mujer. Esa reacción no es la adecuada", explica el jefe de la División de Familia de la PNP, coronel Erick Romaní. En el caso de agresiones físicas, los reportes policiales dan cuenta de hechos severos, pues al tener menor fuerza física, la mujer apela a golpes con objetos contundentes e incluso cortes con arma blanca, pero el maltrato psicológico basado en la humillación, la manipulación y el chantaje es el más silenciado, pues muchas veces el hombre no se da cuenta de que es víctima de ello. "Decir que la mujer les destrozó el carro, rompió el televisor o le echó agua caliente es enfrentarse a una sociedad machista donde otros hombres, e incluso mujeres, se burlarán de él", refiere Tomás Angulo, psicólogo y presidente de la Asociación Papás para Siempre.
¿POR QUÉ LO PERMITEN?
Para Angulo, lo más dañino es el desarrollo del síndrome de alineación parental (sobre todo en parejas separadas), en el cual la madre se queja ante los hijos de supuestas malas acciones del padre, lo critica y descalifica hasta que se destruye el vínculo paterno.
En el artículo "El varón víctima de violencia familiar", la psicóloga clínica Alejandra Palacios sostiene que los padres maltratados soportan ello porque temen dejar a sus hijos en manos de una mujer violenta, porque creen que son culpables o porque dependen del agresor. "La violencia provenga del hombre o de la mujer tiene el mismo origen: poder sobre la relación. Para ellos, presentar una denuncia significa trastocar los roles establecidos y un duro golpe a su autoestima. Si algún varón se atreve a denunciar es probable que retire los cargos pues no cuenta con soporte ni siquiera de su propia familia ni tampoco con redes sociales de apoyo en la comunidad", agrega.
En efecto, Milagros Ríos refiere que el sistema judicial es lento para atender casos de violencia familiar, pues demora de dos a cuatro años obtener una respuesta. Ni siquiera las medidas de protección inmediata (como derivar a la víctima a un albergue o prohibir que el agresor se le acerque) cumplen el plazo establecido. En los dos meses que tarda ser expedida el acusado podría ejercer más violencia sobre quien lo acusó. Se requieren, entonces, soportes más fuertes para acoger a quienes tienen el valor de salir del silencio.

EN PUNTOS
Hasta octubre del 2007 los juzgados de familia tenían una carga de 32.144 expedientes . De estos, 9.780 son casos tutelares, y de ellos el 70% es por violencia familiar, vistos solo por cuatro despachos. El Ministerio Público recibe cada año unas 25 mil denuncias más.
Existen 12 centros de emergencia mujer en Lima para atender casos de maltrato contra hombres, mujeres o niños.

DEL CONSULTOR
JORGE BRUCE. Psicoanalista

Un tren puede ocultar a otro
La situación de los hombres maltratados por sus parejas femeninas me hace pensar en una advertencia muy usual en los cruces entre la carretera y los rieles, en Francia: "¡Cuidado! ¡Un tren puede ocultar a otro!".
El grave problema de violencia contra las mujeres cubre con una sombra de oprobio y silencio el caso inverso. Como si en el imaginario colectivo esta forma atípica de abuso constituyese una suerte de justicia ciega, literalmente, en donde esos hombres pagan por el descontrol y el desfogue de sus congéneres.
En una cultura todavía im-pregnada de machismo, en donde la hegemonía masculina se mantiene, pese a sus resquebrajamientos, el lugar de esos hombres víctimas es percibido como un contrasentido que por eso mismo debe ser ocultado y, en consecuencia, castigado con la incredulidad, el desprecio o la indiferencia. Como diciendo, bien merecido se lo tienen por débiles, por desprestigiar al género y, por último, son los chivos expiatorios de la violencia de género (masculina, se sobreentiende, pues cuando se dice género por lo general se alude al femenino). Una situación que denuncia las graves carencias que a menudo erosionan el vínculo entre hombres y mujeres, mujeres y hombres.

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